Empecé a escuchar gritos. Gritos de dos voces masculinas, exigiendo que abriera, que les diera entrada...
"¡Hey!", recuerdo que pensé, "¡pero si nadie sabe que estoy hospedada en este hotel!, bueno, casi nadie... sólo la gente de la oficina que me hospedó".
No pensaba abrir. Me asignaron el último cuarto de un largo pasillo, y la verdad me daba miedo abrirle la puerta a quien fuera, menos aún en una ciudad extraña.
Pero, existía una mínima posibilidad de que fuera algún conocido. Decidí asomarme por la mirilla de la puerta, sólo para asegurarme.
Y lo que vi me dejó paralizada.
No era en mi habitación, era justo en la de enfrente.
Estaban tocando a la puerta, dos tipos de cabello largo y tatuajes en los brazos. Uno de ellos, con una larga cola de caballo, y las orejas llenas de piercings.
En general, sólo hubiera pensado que eran dos hippies gigantescos llamando a la puerta del huésped vecino y me hubiera ido a terminar de hacer mi maleta... pero, justo a cada lado de la puerta, recargados de tal manera que no se alcanzaran a ver desde adentro de la habitación a la que tocaban, estaban dos tipos enormes vestidos en trajes oscuros, barbas crecidas y cara de estar a la expectativa. Con las cabezas y manos bien recargadas a la pared.
Regularmente me gusta dejar las cuestiones ajenas, ahí donde deben ir.
Nada de lo que ahí estaba pasando era mi asunto. Eso era un hecho.
Pero, no me podía quitar de la puerta... ¿qué tal si me convertía en el único testigo de un asesinato o algo peor?.
Estaba yo pensando en las mil posibilidades lógicas por las cuales cuatro tipos irían a tocar a una habitación de hotel: casi a media noche, y dos de ellos escondiéndose del campo de visión... cuando empezaron a tocar aún más fuerte a la puerta, y uno de ellos a gritar: “¿Qué no oyes, Wey?, ¡abre la puerta ya!, sabes quienes somos...”.
Los trajeados, desde su escondite estaban al acecho, esperando nada más a que la puerta se abriera... ¿saldrá ‘Wey’ a contestar la insistente llamada?, ¡no salgas 'Wey', no salgas!.
De pronto, uno de los trajeados empezó a observar pensativamente la puerta de mi habitación. ¡Demonios!, ¿me veré desde afuera...?, ¿las mirillas realmente funcionan por un solo lado?. La puerta amenazaba con hacerse invisible frente a mis ojos.
Pero, fueron solo unos segundos, el trajeado volteó de nuevo hacia la puerta que realmente le interesaba, y siguió esperando, en total silencio.
Cuando, por tercera vez, empezaron a tocar y a gritar, la puerta se abrió.
Un hombre alto, con el cabello peinado en rastas, y cara de dormido, abrió la puerta.
“Regresaron...”, fue su saludo.
“Sí”, dijo uno de los hippies, “pero esta vez, te trajimos una sorpresita, Wey”.
“¿Sorpresita?”, repitió con cautela el hombre, observando a los otros dos en busca de algo.
Los dos hippies dieron un paso atrás, y como en espectáculo de lucha libre, los trajeados salieron de sus escondites de un salto, quedando entonces en primer plano, frente a mi vecino.
¿Para qué abrías la puerta, Weeeey?, ¿para queeeé?, ¡te van a matar!, ¿qué no veees?.
Y todo sucedió en pocos segundos...
El huésped levantó los brazos al cielo, y gritó:“¡No!, ¡no lo puedo creer!”.
“¡Qué gusto verlos, camaradas!, ¿dónde se habían metido?. Éstos dos me dijeron en la cena que no los habían podido localizar...”, dijo señalando a los hippies, que sonreían tontamente desde sus lugares.
“Es que salimos muy tarde de la oficina”, explico uno de los trajeados, “y ninguno de los dos checamos nuestros mensajes”.
“Por eso nos decidimos a caerte tan tarde”, terminó la frase el otro trajeado,“para que no te fueras de la ciudad sin habernos visto... ¡ni nos alcanzamos a cambiar esta ropa!”, dijo señalando sus formales atuendos.
Por eso decía, que yo mejor sigo haciendo mi maleta...
No era en mi habitación, era justo en la de enfrente.
Estaban tocando a la puerta, dos tipos de cabello largo y tatuajes en los brazos. Uno de ellos, con una larga cola de caballo, y las orejas llenas de piercings.
En general, sólo hubiera pensado que eran dos hippies gigantescos llamando a la puerta del huésped vecino y me hubiera ido a terminar de hacer mi maleta... pero, justo a cada lado de la puerta, recargados de tal manera que no se alcanzaran a ver desde adentro de la habitación a la que tocaban, estaban dos tipos enormes vestidos en trajes oscuros, barbas crecidas y cara de estar a la expectativa. Con las cabezas y manos bien recargadas a la pared.
Regularmente me gusta dejar las cuestiones ajenas, ahí donde deben ir.
Nada de lo que ahí estaba pasando era mi asunto. Eso era un hecho.
Pero, no me podía quitar de la puerta... ¿qué tal si me convertía en el único testigo de un asesinato o algo peor?.
Estaba yo pensando en las mil posibilidades lógicas por las cuales cuatro tipos irían a tocar a una habitación de hotel: casi a media noche, y dos de ellos escondiéndose del campo de visión... cuando empezaron a tocar aún más fuerte a la puerta, y uno de ellos a gritar: “¿Qué no oyes, Wey?, ¡abre la puerta ya!, sabes quienes somos...”.
Los trajeados, desde su escondite estaban al acecho, esperando nada más a que la puerta se abriera... ¿saldrá ‘Wey’ a contestar la insistente llamada?, ¡no salgas 'Wey', no salgas!.
De pronto, uno de los trajeados empezó a observar pensativamente la puerta de mi habitación. ¡Demonios!, ¿me veré desde afuera...?, ¿las mirillas realmente funcionan por un solo lado?. La puerta amenazaba con hacerse invisible frente a mis ojos.
Pero, fueron solo unos segundos, el trajeado volteó de nuevo hacia la puerta que realmente le interesaba, y siguió esperando, en total silencio.
Cuando, por tercera vez, empezaron a tocar y a gritar, la puerta se abrió.
Un hombre alto, con el cabello peinado en rastas, y cara de dormido, abrió la puerta.
“Regresaron...”, fue su saludo.
“Sí”, dijo uno de los hippies, “pero esta vez, te trajimos una sorpresita, Wey”.
“¿Sorpresita?”, repitió con cautela el hombre, observando a los otros dos en busca de algo.
Los dos hippies dieron un paso atrás, y como en espectáculo de lucha libre, los trajeados salieron de sus escondites de un salto, quedando entonces en primer plano, frente a mi vecino.
¿Para qué abrías la puerta, Weeeey?, ¿para queeeé?, ¡te van a matar!, ¿qué no veees?.
Y todo sucedió en pocos segundos...
El huésped levantó los brazos al cielo, y gritó:“¡No!, ¡no lo puedo creer!”.
“¡Qué gusto verlos, camaradas!, ¿dónde se habían metido?. Éstos dos me dijeron en la cena que no los habían podido localizar...”, dijo señalando a los hippies, que sonreían tontamente desde sus lugares.
“Es que salimos muy tarde de la oficina”, explico uno de los trajeados, “y ninguno de los dos checamos nuestros mensajes”.
“Por eso nos decidimos a caerte tan tarde”, terminó la frase el otro trajeado,“para que no te fueras de la ciudad sin habernos visto... ¡ni nos alcanzamos a cambiar esta ropa!”, dijo señalando sus formales atuendos.
Por eso decía, que yo mejor sigo haciendo mi maleta...
9 comentarios:
jjjjjjjjjjjajajajajajajajajaja comadreeeee, eres la netaaaaaaaa, jajjaaj "no abras Weyyy" jjajajjajaja, soy tu fan!!!!
jajajajajajajajajajaja kika!!!! "para que abriste "wey" te van a matar!!!" jajajaja muy bueno kika!!!.....
Chicas, qué bueno que les gustó mi historia del terror, jajajajaja.
Besos!
Me estoy dando cuenta que todos los comentarios que segun yo publiqué ayer en sus aportaciones, fueron producto de mi imaginación, o una mala jugada de mi aparatito este.
Anyways, hablando de imaginación... Nos llevaste al mundo del crimendesorganizado y mas alla con tu narración, la Alfred Hitchcock neoleonesa.
Nomas faltó la víctima, aunque si hubieron unas almitas que se elevaron al cielo, de hcho, la de los frijolitos, porque a pa ped.....o que te sacaron, jaja.
Jajajajaja, ¿cómo? ¿creíste que ya habías subido comentarios? :P
Gracias por lo de Hitchcock, ni de lejos, jajajaja.
Efectivamente, todo fue producto de mi imaginación, la única víctima, fui yo. ¡Por andar de chismosa! jajajaja
Cosas de la vida.
Si, los escribi, le di enter, y hace rato que entré a ver que nuevas, vi que no había nada comentado por mi, quien sabe que pasó, jaja, a lo mejor los escribi el 1er de agosto, y mañana aparecen, jaja. Bueno, hoy, mas tarde
Si, los escribi, le di enter, y hace rato que entré a ver que nuevas, vi que no había nada comentado por mi, quien sabe que pasó, jaja, a lo mejor los escribi el 1er de agosto, y mañana aparecen, jaja. Bueno, hoy, mas tarde
A mi me sucedió lo mismo que a Jerry, hace 2 días entré, leí y comenté, y ahorita me voy dando cuenta de que no existe presencia mía en este sitio... Me reí muchísimo con tu experiencia hotelera, y más con la frase final!! jajaja!! me encantó Kikis! más de estas historias PLIS!
¡Qué raro, eso de los comentarios borrados!
En fin, gracias.
Prometo hacer memoria, jajajajaja.
Saludos!
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